Flashback

{ viernes, 8 de diciembre de 2006 }
Una muerte. Una enfermedad jodida. Operaciones, médicos, quimioterapia, llanto, dolor, angustias. Mucho más llanto.
Y en la oscuridad, docenas de manos extendidas. Pañuelos descartables y abrazos partidos de dolor. Un mate y una sonrisa.
Corridas, ausencias, la vuelta de los que se habían perdido en algún lugar del camino. Y un amor tan grande como el dolor mismo, un cariño que te pega tan fuerte que te hace doler el alma, que te llena de miedo a no saber retribuirlo.
Ese fue mi año. Un año de mierda.
Pero tuvo también sus momentos gratos. Como el ying y el yang, en medio de la tempestad se asoma un rayito de sol que entibia el alma y le impide congelarse del todo. A veces, la diferencia entre dejarse vencer y dejarse querer radica en la habilidad del que se tiene en frente y afortunadamente me rodea gente muy hábil.
Todavía no internalicé la idea de que sobreponerse a la adversidad es lo que importa y no la adversidad misma. Cuesta pensar que esto es un triunfo cuando tiene sabor a derrota. Por eso este 31 no voy a arrancar con el pie derecho, ni voy a brindar por una vida nueva. Cuando den las 12 voy a cerrar los ojos, con la esperanza de que me aborde el sentimiento de triunfo que no percibí en todo el año y con el más profundo deseo de que las adversidades por venir sean menos adversas y un poco más fáciles de afrontar.

Un mejor año nuevo para todos!!!

Ausencia

{ lunes, 5 de junio de 2006 }
Son estos tiempos de mucho dolor para quien escribe. Hace muy poco una persona extremadamente importante en mi vida se fue de este plano existencial para siempre.
No existen palabras para describir la ausencia de quien hemos querido tanto, porque aunque la mente quizás comprenda desde la consciencia las implicancias de la muerte, el inconsciente nos traiciona, develando que no lo tenemos tan asumido como parece.
Así, una frase, un sonido o una imagen provocan una reacción que - a fuer de la costumbre - únicamente tendría sentido si esa persona aún estuviese en esta tierra. Y ese es el peor dolor, el más insoportable... es el alzar la cabeza con una sonrisa cuando escuchamos el sonido del motor del auto deteniéndose en la puerta, porque sabemos a quien pertenece. Es un nanosegundo de creer que vamos a escuchar que nos llama, que vamos a salir a abrirle con una sonrisa y a saludarlo con un abrazo. Es la ilusión de que todo volverá a ser como antes... solo una ilusión.
Entonces la consciencia recobra el control y comprendemos que el auto podrá detenerse en la puerta, pero nunca conducido por la persona que esperamos; que volveremos a oir la frase, pero pronunciada por otros labios y que nada podremos hacer para remediarlo.
Hoy recibí un abrazo de cumpleaños gigante, de una versión en miniatura de mi Tío. Mi primito es chico para comprender por qué se me hace un nudo en la garganta cada vez que lo veo, pero dentro de unos años le voy a explicar que su excesivo parecido con el papá es una de las huellas más profundas que mi Tío dejó a su paso por este mundo. También le voy a contar que la otra huella está en el corazón de lo que tuvimos el enorme placer de conocerlo y compartir con él nuestras vidas.
Hoy se cumplieron 23 años desde mi llegada al mundo. Lo único que puedo pensar desde hace días es que este verano mi Tío me llevaba en el auto y cuando pasamos por la Clínica en la que nací me señaló el bar donde él y mi papá esperaron la noticia de mi nacimiento.
Nunca creí que tan poco tiempo después yo recibiría la de su fallecimiento. Estoy más que triste, destrozada. Herida en lo más profundo de mi ser. Lo extraño tanto que no resisto escuchar hablar de él ni de nada que se relacione con su muerte. Pero como sé que no se puede sencillamente pretender que las cosas no suceden, preferí exorcizarlo de mi cuerpo por este medio.
Ahora mi dolor está acá, flotando en el universo cibernético. Probablemente a nadie le llame demasiado la atención, pero por suerte a ustedes les será mucho más fácil que a mi hacer de cuenta que no pasó nada. Ese es el único favor que les pido.

Pecados capitales

{ jueves, 6 de abril de 2006 }
Cualquiera sea la religión a la que pertenezca una persona e incluso si no pertenece a ninguna, conoce los pecados capitales. Según la clasificación de Tomás de Aquino, cuya graciosa anécdota con una prostituta contaré alguna vez, los pecados que nos garantizan un viaje sin escalas al Averno son los siguientes:
1. Soberbia: Consiste en el "apetito desordenado de ser preferido a otros" o, en su segunda acepción, en el "envanecimiento de las propias prendas con menosprecio de los demás".-
2. Avaricia: Es el "afán de adquirir y atesorar riquezas".-
3. Lujuria: Se lo define como el "vicio o deseo sexual extremado".-
4. Ira: Es un "sentimiento de enojo e indignación".-
5. Gula: Radica en el "comer y beber con exceso".-
6. Envidia: Es el "pesar o tristeza del bien ajeno".-
7. Pereza: Estriba en obrar con "negligencia o descuido en las cosas a que uno está obligado".-
Aclarada la terminología, me propongo iniciar una saga denominada "Pecados capitales en la vida cotidiana". El objetivo es encontrar al menos cinco ejemplos de cada pecado en las actitudes más mundanas, porque los actos de grandeza más difíciles son los pequeños. Cualquiera arriesga la vida para salvar a un ser querido de un incendio, pero bien que si se está por mandar la última milanesa lo cuerpeamos para arrebatársela!!
Comenzaremos la saga acompañados de nuestro personaje, a quien llamaremos Mandinga, encarnación de nuestras miserias más espantosas.
Intentaré con todas mis fuerzas no caer en los lugares comunes, como poner como ejemplo de pereza el aguantarse las ganas de orinar en invierno, para no abandonar el calor de la cama. Está trilladísimo!
Los dejo con la primera entrega...

Soberbia

{ }
1: Chapeando solapadamente
El cuadro de situación nos coloca en una conversación casual y superficial con un individuo cualesquiera al que nuestro personaje no conoce demasiado. Mandinga se encuentra relajado, hasta que el NN desliza en la charla que se encuentra estudiando - pongamos por caso -musicoterapia. Si lo dice con naturalidad, nada sucederá. Se formularán las preguntas de
rigor (Dónde estudiás?, Cuánto te falta?, etc.) y nadie saldrá herido.
Pero si osa mencionarlo con algún dejo de superioridad, Mandinga retrucará ipso facto: "Yo soy físico nuclear, pero ahora estudio cirugía a cerebro abierto en la Universidad de Harvard, la residencia la estoy haciendo en la Clínica de Tratamiento de Enfermedades Estrafalarias de Suiza. A veces, cuando tengo un ratito libre, extraigo coágulos y aneurismas a los ancianos que no tienen PAMI y además puedo jugar al badmington con una pelotita de carne picada"
Conclusión: La soberbia engendra soberbia.

2: La mía es más grande
Amigos son los amigos, hasta que van al baño todos juntos. La mayor expresión de la soberbia es la que radica en esperar a que todos muestren sus escaleras reales, para exhibir un póker de ases y cagárseles de risa en la cara.
Mandinga entra al baño público y espera que sus amigos se ubiquen en boxes. Procurará quedar en el medio, donde todos lo vean. Hará de cuenta que no consigue desabrocharse, a la espera de que los demás desenfunden y oteen el horizonte vecino. Entonces, con un rápido movimiento, extraerá un póker de dimensiones sobrehumanas, ante la expresión boquiabierta de sus amigos, que no pueden disimular la impresión.
Conclusión: Es muy fácil ser soberbio con un póker de ases. El mérito está en tener un miserable par y bancársela lo mismo.

3: Más allá del bien y del mal
Ir por la vida haciendo ver que uno se las sabe todas es increíblemente irritante para los que nos rodean.
Nada peor que un tipo como Mandinga, que es quinielero, pero sabe de robótica, sexo, derecho, arqueología, matemáticas, fútbol y que puede contestarle a Susana Giménez todas las preguntas del Imbatible antes de que termine de leerlas. (Cosa que no es muy meritoria si consideramos
las habilidades para silabear de Su).
Imaginemos a un mecánico revisando el auto de Mandinga. El señor logra extraer su humanidad de la fosa e intenta explicarle cuál es el inconveniente por el que el Renault 9 pistonea, Mandinga le larga una retahíla de causas posibles que leyó en un artículo de la Guía de la Industria del año '79.
Conclusión: A nadie le gustan los sabihondos, especialmente a los mecánicos que acaban de pasar veinte minutos metidos en una fosa. La soberbia engendra también violencia... ahora le podés explicar a la enfermera cómo te tiene que dar los puntos, le podés!

4: Los dueños del boliche
Así cualquiera se la da de winner!! Mandinga y dos amigos se abren un local bailable que - por arte del marketing - se pone inmediatamente de moda. Entonces se dedica a llegar a las cuatro de la mañana. Entra esquivando la cola y saluda al patova de la puerta que le responde con un sumiso "Buenas noches, Sr. Mandinga". Se hace inventar tragos en la barra del VIP, instalado lo más choto en una mesita que tiene más patovicas alrededor que personas sentadas. Hace sacar a algunos muchachos, sólo para ganarse a las minas que los acompañan, le toca el culo a las promotoras de Speed y se vuelve a la casa tipo 6 con alguna jovencita deslumbrada.
Conclusión: Teniendo la vaca atada, somos todos John Travolta. A ver cuándo llega el día en que los dueños de los boliches se quedan en sus casas, en lugar de venir a restregarle a uno por la cara que la entrada la pagamos nosotros, pero los que la pasan bien son ellos!!!

5: El gol de oro
Este es un desahogo personal.Basta de los hombres que relatan sus goles como si hubieran sacado a Argentina campeón del Universo!!!!!El picadito del domingo no es la final de México '86. El que hace goles no es "mágico". El arquero no es el Goyco. No es interesante ni entretenido escucharlos. Y no, no entiendo nada de lo que dicen!!! No logro imaginarme la jugada, porque cuando dicen "Estaba yo en el borde del área grande..." yo ya dejé de escuchar, para inventarme una fantasía erótica con el primero que se me ocurra, aunque sea Pocho La Pantera.
Los escuchamos porque los queremos, no porque podamos comprender la emoción que los embarga. Para nosotras ese partido que tanto los hace delirar no es más que la oportunidad de librarnos de nuestros amigos, novios y hermanos por 2 o 3 gloriosas horas, que dedicamos a ver Cosmo TV.
Conclusión: La soberbia futbolística es un fenómeno que a las mujeres nos parece increíble...porque no podemos entender que alguien haga tanta alharaca por algo tan común. Nosotras relatamos cuando arrasamos la liquidación de Yagmour?? Claro que no!! Pero lo disfrutamos tanto que cuando salimos del local nos prendemos un pucho.